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Trainspotting
Por Alexia Indira
Allí dónde el espectador espera una tediosa obra sobre lo espeluznante
que es ser un heroinómano- después de haber leído la sinopsis en alguna página o en la contratapa del dvd-
o al contrario, espera una ligera y divertida película sobre lo interesante que
es ser un heroinómano, encontrará en Trainspotting alivio a ambos deseos. Renton-
encarnado por un Ewan McGregor que marca un hito en su carrera con este papel- se
posiciona como el relator y delator de la intrincada existencia de sus
co-protagonistas y- ficticiamente hablando- ‘amigos edimburgueses del
post-tatcherismo’ con los que frecuenta. Sick Boy, encarna a un desalmado obsesionado
con Sean Connery y las películas del Agente Bond, mientras que Spud, se
reconoce como el oligofrénico del grupo al que uno no puede ni debe hacer daño. Por otro lado tenemos a Tommy, seguidor fiel de Iggy Pop y amante de filmar sus
encuentros sexuales, así como hacer deporte (toda una ternura!) Para completar el quinteto 'especial' tenemos a
Begbie, detractor de la heroína, antisocial y un hijo de puta. Una pandilla que,
a pesar de sus dispares intereses, conforma, sin lugar a dudas señores, el grupo transgresor por excelencia
de un sistema pequeño burgués que proclama el progreso del hombre en base a su
posición económico-cultural y
lo hace mediante el escape, el escape de una realidad que no ofrece mucho aunque ofrezca
todo al mismo tiempo. ¿Cómo? HEROÍNA La heroína es una droga ilegal que proviene de la morfina, y que se encuentra en el capullo de la amapola.
Habitualmente, se presenta como un polvo blanco o café. Puede inyectarse,
fumarse o inhalarse. Vaya escape eh! Uno
muy peligroso, porque presupone la destrucción del que lo elige para lograr su
cometido, pero al fin y al cabo lo logra, y además con un placer como pocos (En palabras de Renton, 'imaginen el mejor orgasmo de su vida y multipliquenlo por 100') En
una
primera etapa, denominada en el argot ’luna de miel’, tras la administración de
esta sustancia, hay un ‘flash’, una sensación de placer muy intensa, y a los
pocos segundos un estado de sedación total y cierta euforia, con ausencia de
cualquier malestar psíquico y que dura aproximadamente 2-3 horas, desapareciendo
de forma progresiva... MOMENTO! ¿Desaparece?!!! Claro que sí, he ahí reside la desventaja del
consumo de tales sustancias, ahí y en las terribles consecuencias que provocan
en el cuerpo, desde problemas digestivos hasta cardiacos. Ahora bien, ¿Vale la pena escapar
así ? Una pregunta que Danny Boyle no pretende responder de forma
tendenciosa con Trainspotting, una pregunta que se limita a plantear los 90
minutos de visionado sin valorar positiva o negativamente a los personajes que
ayudarán a cada espectador a responderla. Una pregunta, que aún siendo
participes de la falta de límites de la familia de Rent, de las obvias
inclinaciones autodestructivas de Begbie, de la estupidéz estúpida de Spud, de la ‘mala
suerte’ de Tommy y del cinismo de Sick Boy, no encuentra respuesta en el visionado,
sólo en su análisis subjetivo posterior. Cual si estos personajes pudiera ser
cualquiera de los espectadores, cual si estos personajes fueran uno de
nosotros, cual si fueran seres humanos. Y es precisamente, este el aspecto en
el que se asienta la belleza de esta obra; su neutralidad expectante y pasiva que
no guía al espectador hacia ningún lugar que el no quiera ir. Una belleza que resalta con unas actuaciones que se
encuentran al borde de la perfección, sin excepciones. Una belleza que se explicita en giros argumentales coloridos y
extravagantemente ‘modernos’, incluso para los 90’. Una belleza que baila al
son de genialidades musicales que amplifican al máximo la frescura y vanguardismo
del cine de Boyle. Un director que no ha encontrado seguidores merecedores de
tanta alabanza como él mismo y el cual sostiene, aún después de tantos años, firmemente tal éxito gracias a escenas épicas como la ‘Del Peor Baño de Escocia’, o como la de ‘La
Más Cruda Escena sobre el Síndrome de Abstinencia’, o como la de ‘Yo elijo/no elijo
la VIDA’… Una director que pudiendo
haber caído fácilmente en el drama lacrimógeno o en la comedia más burda,
decide alternar ambos géneros, cual la vida misma. Un director que representa
junto a su obra, un ícono generacional que ha despertado el espíritu revolucionario
de aquel que puede o no ser un heroinómano,
pero que definitivamente se encuentra constantemente con la disyuntiva de
escapar, evitar o afronta, con la disyuntiva de probar o no probar, con la con
la disyuntiva de elegir la vida o no, con la disyuntiva de elegir LA vida o la
vida. Es por esto que, irrefutablemente, ‘Trainspotting’ se posiciona como una
joya de la década noventera que nadie que se jacte de cinéfilo, cinéfago,
psicólogo, psiquiatra, o ser humano, puede dejar de ver.
PUNTUACIÓN: 10/10
Lo mejor: Ewan
Lo peor: que no encuentro que poner acá.
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